Hace 44 años tuve la fortuna de viajar a Pittsburgh para la serie de los Piratas y los Mets donde se esperaba que Clemente alcanzara su hit 3,000. Le faltaba uno en una serie de tres juegos. A los 16 años estaba a cargo de una excursión de 7 personas para presenciar este evento. Fueron muchos los contratiempos que ayudaron a hacer esta experiencia aún más inolvidable. La agencia no había hecho las reservaciones en el hotel, no habia reservado los boletos, el dinero que me dieron para el hotel no alcanzaba y para colmo, la agencia le debía chavos al hotel y se querían quedar con el cheque para abonar a la deuda. Utilicé todas mis destrezas y logré poner las cosas en orden. El primer juego del viernes lanzó Tom Seaver y Roberto se fue en blanco. El sábado en la tarde logró la hazaña contra John Matlack. Ese día por la mañana un señor se nos acercó en el Hotel y nos dijo que era amigo de Clemente y que tenía la dirección para visitarlo. Después del juego fuimos cinco en un taxi a buscar la casa. Casi a punto de desistir nuestra búsqueda porque no aparecía, el taxista lo tomó personal, puso todo su empeño,apagó el metro y finalmente llegamos a la casa. Entramos y estaba Roberto con Vera y su estilista que vino de Nueva York. Compartimos con ellos, bebí del Champagne que tenía el número 3,000, me firmó una de sus fotos y le conté de los contratiempos que habíamos tenido. Roberto nos obsequió boletos para el juego del domingo. Antes de ese juego visité el dugout de los piratas y entré al terreno de juego. ¿Cómo lo hice? Sencillo, le dije al guardia de seguridad que era amigo de Clemente y que quería pasar. Entramos como Pedro por su casa e intercambié con los peloteros antes del juego. Estuve en la lomita cuándo Dora Matos de Pasarrel le entregó un trofeo conmemorativo del hit 3,000 por parte del gobierno de Puerto Rico. En fin, fue un fin de semana de ensueño que siempre le agradeceré a mis padres por la confianza que me dieron a tan temprana edad. Roberto Clemente por su calidad humana, tenacidad y por ser un orgullo puertorriqueño siempre ha sido para mí una fuente de inspiración. ¡Arriba Roberto!
